2.El planeta Orz - Daño de dioses | Novela juvenil de aventuras y ciencia ficción
4 meses ago

2.El planeta Orz

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El planeta Orz

No tardó Thiram en encontrar un transporte para ejecutar sus planes. La nave nodriza que había tras la Luna contenía un hangar con distintas cápsulas de menor tamaño para viajes espaciales. El Maldito se apropió de una y abandonó el hogar de los extintos dioses de la Tierra con un destino claro: el planeta Orz.

Orz era un lugar inhóspito y difícilmente habitable por sus altas temperaturas. Un planeta cercano a una joven estrella en el que, visto desde lejos, predominaba el color rojo sobre los demás colores. Se podría decir que el planeta era, salvo puntos muy concretos de su geografía cómo los oasis y manantiales, un gran desierto.

Thiram tenía información muy precisa del pueblo Orz, los únicos antropomorfos pseudo-inteligentes del planeta rojizo; sabía cómo actuar para ganarse el favor de esa civilización. No sería difícil para alguien tan poderoso en cuerpo y mente hacerse con el control total del planeta en poco tiempo.

Los Orz eran un pueblo temible, gigantes de fuerza descomunal cuya civilización de auto-consciencia recientemente adquirida sólo entendía el lenguaje de la violencia y solamente seguía al que se mostraba poderoso.

Capaces de alimentarse de cualquier cosa, podían ser carroñeros, incluso caníbales. Humanoides realmente musculosos, de gran estatura y mirada cruel, de pelo rojizo como su planeta y piel extrañamente azulada.

En este momento de su historia se encontraban separados por largas distancias en el planeta. Habitaban en lo que serían oasis con vegetación, en la inmensidad de los desiertos del planeta rojo y organizados en tribus, dirigidas con mano de hierro por el Kayuna (que venía a ser algo así como el macho alfa de la manada), el elegido a base de victorias sanguinarias y violentas sobre sus iguales.

Poco después de apropiarse de la cápsula en la nave de los antiguos y recién extintos dioses de la Tierra, Thiram llegaba al planeta Orz. Una de esas tribus vio lo que parecía un gran pájaro surcar el cielo y descender hasta tomar tierra con un gran estruendo.

Por orden de su Kayuna un par de jóvenes Orz tendrían que ir a explorar el porqué de ese acontecimiento tan extraño. Las cosas que se salían de lo habitual provocaban más miedo a los Orz que cualquier pelea sangrienta con un rival de su estatura. El simple hecho de que la nave de Thiram apareciera por el cielo y lo contemplaran unos Orz haría correr sangre entre los propios jóvenes -el miedo los transformaba en algo así como perros infectados por la rabia- y el Kayuna de la tribu que había divisado el objeto volador.

Por lo cual, la primera aparición de Thiram en el planeta Orz se saldó con varias muertes sin que este aun se hubiera mostrado en público.

Cuando el Kayuna junto a los más valientes y tras ellos, los jóvenes escondidos en una roca (que vergüenza, pensaban los demás) llegaron a la recién aterrizada nave de Thiram y se abrió, el jefe (armado de valor, aunque muerto de miedo, pero tenía que aparentar otra cosa) fue el único que se acercó a ver qué podía encontrar dentro.

En ese momento salía de la nave Thiram, y el primer acto reflejo del Kayuna fue atacar al extraño invasor… una milésima de segundo después había perdido un brazo y se había quedado tuerto de un ojo (tenían dos).

Había sido el Maldito: un ser extremadamente rápido y agresivo, capaz de ridiculizar a cualquier miembro poderoso de la raza más fuerte del universo. Con ese ataque al Kayuna y a algún siervo aspirante a jefe en el futuro, Thiram se hizo con la primera tribu Orz para comenzar a trabajar en lo que vendría después.

Thiram el híbrido comenzó a marchar con un ejército que crecía día tras día. Disfrutaba e hinchaba su ego viendo a los Orz morir por él con un fanatismo desmesurado. A veces luchaba él mismo contra los Kayunas, otras veces había auténticas batallas campales que a Thiram nada convenían, pues no quería mermar las fuerzas de su nuevo pueblo antes de comenzar las guerras contra otros mundos y civilizaciones que ya tenía en mente.

A los Orz más valerosos y fanáticos, antiguos Kayunas y aspirantes que perdieron brazos y piernas en las guerras tribales durante la conquista de Thiram, los dotaba de nuevos miembros mecánicos de última tecnología que les permitía ganar más fuerza y velocidad. Estos cíborgs se convertirían en los primeros espadas del Maldito… La Guardia Imperial.

El planeta Orz no era demasiado grande en comparación con la Tierra, así que en menos de dos años terráqueos ya era el Kayuna principal del planeta, algo así como el emperador de Orz.

Para los Orz nunca sería un Kayuna, para este pueblo Thiram era una especie de dios viviente que venía a dirigirlos hacia la conquista y al cual había que temer. No estaban faltos de razón.

Comenzó su andadura como emperador dotando a los Orz de una estructura educativa que potenciara un poco la inteligencia escasa de esta civilización. Trabajó minas y fuentes de energía, introdujo mejoras en la alimentación y ganado de criaturas del planeta, lo que se traduciría en un incremento de población como nunca antes había experimentado aquella raza.

Thiram el Emperador fue el motor de una época de desarrollo en un pueblo que sin él, jamás se hubiera convertido en eso, seguiría siendo una especie tribal mediocre esperando a ser aniquilada por cualquier meteorito o catástrofe natural.

Hizo construir y se instaló en lo que él llamó ‘la aguja’: una gran torre desde donde dirigía a sus súbditos y trabajaba sin descanso en sus planes de futuro. Una torre blanca e inmaculada más alta que cualquier montaña del planeta Orz, se convertiría en la maravilla de aquel mundo, hacía las veces de ascensor espacial y centro de culto hacia su persona como siempre ha gustado a los grandes dictadores, el Maldito no sería menos.

la aguja de thiram

Cuando tuvo suficiente tecnología y materias primas, comenzó a construir naves que viajarían a otros lugares: aquel mundo ya se le había quedado pequeño.

Thiram, como todo ser viviente, no carecía de miedo, y las palabras de aquel dios extinto se le habían grabado en la mente. Llevaba tiempo escuchando aquella voz en su cabeza como olas que no cesaban. Decidió entonces que no esperaría a que el universo se compensase, decidió que sería él quien creara un ser que pudiera rivalizar consigo mismo… para acto seguido destruirlo y darle al universo una oportunidad de compensarse pero jugando siempre con las cartas marcadas.

En una de esas primeras naves Thiram envió a varios de los orz más inteligentes a la Tierra. Además modificó genéticamente su aspecto para que parecieran terrícolas y mejorar más su inteligencia (a millones de kilómetros necesitarían pensar por sí mismos), su conocimiento del ADN humano le permitió con facilidad crear a su antojo a estos seres. Más adelante contaremos qué les ocurrió en la Tierra a estos enviados.

Qaion también fue un objetivo… estaban en paz y a las puertas de desarrollar su carrera espacial. El planeta de la noche eterna albergaba a pueblos inteligentes y guerreros que debían ser destruidos desde dentro. El emperador y nuevo Dios de los orz no tardó en enviar allí micro-satélites espía que registrarían toda la actividad política, antes de asestar su tercer golpe: las guerras de Qaion.

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* Esto es una versión preliminar. Daño de Dioses es una novela juvenil de aventuras y ciencia ficción, a la venta en agosto o septiembre de 2017.

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