5 años ago

6.Los trillizos

Tiempo después, llegó la venia del gobernador, engalanada con su sello, al árbol glob del Gran Río. La vivienda-árbol histórica estaba alejada de la capital y era donde se asentaba el clan de los Guerreros del Agua, una zona húmeda y peculiar.

Argum era viudo, porque su esposa había fallecido en el parto de los trillizos. El veterano guerrero de sangre noble estaba emparentado estrechamente con el gobernador. Abrió la venia que explicaba su futura reunión con el Visionario y no le hizo ninguna gracia. Cho el Oscuro deseaba que estuvieran presentes sus trillizos. Le dio un vuelco el corazón: al clan de Argum no le gustaba tener relación con los magos de la Casa de Luz, visionarios a los que una familia simple de guerreros devotos y temerosos de los dioses respetaban y, sobre todo, temían.

Poco antes de celebrar la venia, Argón el más pillo de los trillizos, que acababa de aprender a volar, se había escapado desde el glob del Gran Río a los lindes de la capital, buscando los raros frutos globul azules, que eran más dulces y difíciles de encontrar. Ese día encontró varios y disfrutó de ellos hasta que no pudo más. Se guardó todos los que pudo transportar para sus dos hermanos: Argol y Arnuya.

Mientras volaba de vuelta a su casa-árbol, vio pasar a Chank el Deforme, un vamp joven que era aprendiz de visionario. Como niño cruel que era —y por su odio inaudito y visceral hacia aquel vamp—, se le ocurrió tirarle un fruto globul al único ojo que tenía Chank y le acertó de lleno.

—Maldito seas, Argón. ¡Esto no quedará así! —gritó Chank, que no olvidaría este ataque gratuito con facilidad.

—¡Feo! —Se rio Argón con maldad.

—¿Sabes a quién estás insultando? Me encargaré de que tengas tu merecido… Eres malo, Argón. ¡Te maldigo! ¡Te deseo la mayor de las soledades y sufrimiento! —gritó Chank, malhumorado, mirándolo fijamente y sumando más cantidad de sufrimiento al que ya tenía por haber escuchado a su tío.

Argón hizo una mueca, sintió que no debió haberlo molestado y se quedó petrificado. Cuando volvió en sí de ese pequeño ensueño terrorífico, se alejó volando con rapidez hacia su casa, con una mala sensación. Sabía que lo estarían buscando y se ganaría una regañina. Tenía prohibido salir tan lejos y escaparse sin sus hermanos.

En el árbol glob del Gran Río, Cho el Oscuro hizo acto de presencia para la venia:

—Sé bienvenido al hogar de los Guerreros del Agua, Visionario —lo saludó de manera solemne el padre de los trillizos.

—Tu corazón no dice eso, noble guerrero —respondió Cho—. Sé que mi presencia en tu hogar no es de tu agrado y que lo asocias a algo malo.

—Así es. Me gustaría que fueras directo y me aclararas por qué has solicitado esta venia, en la que insistes en ver a mis hijos —dijo con seriedad.

—Desde que registramos la historia vamp y kant, no se había dado el caso de nacimiento de trillizos. Asimismo, te informo, como hice antes al gobernador Sirium, de que he perdido casi toda mi visión. Antes de eso, los dioses me permitieron vislumbrar que el poder del futuro visionario, probablemente se había diluido en tus tres vástagos —le contó el Oscuro.

—No somos magos, Visionario, y mis hijos carecen de deformidad. ¿No es posible que estés equivocado?

—No. Estoy en lo cierto. Que los trillizos pertenezcan a un clan u otro es indiferente. Quizás los dioses necesitan canalizar su conocimiento en uno o varios guerreros y desconozco sus intenciones. Pero no es natural que nazcan trillizos. Tú lo sabes —explicó Cho con franqueza.

—No me puedo oponer a que los enseñes y aunque debería ser un honor…

—Tu corazón alberga miedo, puedo sentirlo. No tengas temor pues, sean visionarios o no, tus hijos parecen sanos y tan poderosos como su padre —le dijo Cho para calmarlo y darle confianza, porque podía leer sus sentimientos.

—No me quiero entrometer en tus asuntos con mis hijos, Visionario. Puedes venir a mi morada siempre que lo desees y podrás instruirlos, aunque dudo que Argón te haga mucho caso. Argol y Arnuya tienen otro carácter y sí que te prestaran atención. —Argum terminó de mala gana la conversación incómoda.

Argol era un vamp tímido, tanto de vuelo como de personalidad. Físicamente era idéntico a sus hermanos y diestro en el uso de la garra, el arma de los vamp: un brazalete metálico con dos o tres alambres punzantes y retráctiles. Aunque no era tanto como su hermano Argón. La hembra vamp de los trillizos, de alas estilizadas y cabello largo, no hablaba demasiado si no era necesario, aunque Arnuya sabía escuchar y siempre tenía una sonrisa para todo el mundo.

Cuando pasaron unos días, los trillizos cogieron confianza y se acostumbraron a la presencia de Cho, que empezó a ver el temperamento de cada uno: lo lejos y alto que volaba el joven Argón. Era osado, no le hacía ningún caso y desaparecía; casi lo despreciaba. La bondad en extremo de Arnuya y sus más que curiosos silencios. La timidez y naturalidad de Argol, que era entusiasta y un soñador. Fue al que le cogió más cariño.

Lo más importante de aquellos días fue que Cho no percibía nada especial en ellos, aunque lo intentara. ¿Se habría extinguido el poder de los dioses en los vamp? Esto era lo que más le preocupaba. Después de aquella consternación del universo, todo parecía haber cambiado y el Visionario no tenía el poder para vislumbrar el potencial de un nuevo sucesor en los trillizos.

Un par de días antes de la invasión de Qaion, Cho se encontraba con Argol en el río del clan guerrero. El joven vamp jugueteaba en la orilla y pasó algo inesperado: un joven cachorro bart, un ser acuático, escamoso y algo desconocido para los alados, se dejó acariciar por Argol, a pesar de que por naturaleza era huidizo. La criatura parecía cansada. El joven vamp lo cogió y con la otra mano derramó agua sobre el bicho que, algo apurado, parecía decir: «bum bum».

—Vaya… —dijo Cho—. Argol, llévaselo al profesor Frehac. Él te dirá qué hacer con este bart y cómo cuidarlo.

—¿Me lo puedo quedar? —preguntó Argol. El bicho parecía feliz de estar entre las manos del muchacho.

—Es el deseo de los dioses —respondió el Visionario con una gran sonrisa, la primera en mucho tiempo.

El profesor Frehac se sintió entusiasmado con el hallazgo de Argol, porque por primera vez podría estudiar a los bart. Fabricó un traje para que el bicho pudiera vivir fuera del agua: una especie de escafandra esférica, vidriosa y casi irrompible, que contenía y reciclaba agua para mantener al ser con vida. Lo que no sabían era que la criatura era capaz de mantener el vuelo y entendía las emociones, incluso las conversaciones de los vamp.

Lo llamaron Bum Bum. Era capaz de desplazarse volando a una velocidad increíble, se enfadaba y se mostraba agresivo cuando alguien contrariaba a Argol. El joven vamp había encontrado a un aliado fiel.